Blogia

Josep Arenas / Comunicación Social

Trabajo colectivo

El pasado viernes asistí al acto conmemorativo de la fundación de la Confederación gallega de personas con discapacidad, Cogami, en la capital de Galicia. La confederación de asociaciones cumple una trayectoria de veinte años que fue glosada por su presidente, Anxo Queiruga, quién  sintetizó su recorrido en unas pocas palabras.

Nos habló de la familia como base del apoyo a la persona a la que le sobreviene una discapacidad, ya sea por un accidente, como nos contó que fue su caso, ya sea por una enfermedad. Resituar toda tu vida en función de la nueva condición de tu estado físico. La familia, que también tiene que cambiar en todo su planteamiento de vida ante la nueva circunstancia, es el motor del primer cambio, ante el desconcierto inicial.

Nos habló de la unión, de la solidaridad, en la lucha por un mismo objetivo, a través de la búsqueda o de la creación de asociaciones de afectados, como primer paso colectivo para modificar el comportamiento social hacia las personas a quienes les sobreviene por una discapacidad, una enfermedad crónica o una situación de dependencia funcional.

Nos habló de derechos; a la libertad individual, al trabajo, a la educación, a acceder a cualquier espacio, en igualdad de condiciones que todos los demás y de la lucha colectiva por el reconocimiento de dichos derechos y de cómo este reconocimiento ha evolucionado en nuestro país.

Nos habló del trabajo como elemento fundamental para la plena integración social  en igualdad de condiciones, como gran reto para la consecución de la igualdad de las personas con discapacidad en la sociedad, sin ningún tipo de discriminaciones.

Destacó a aquellas personas que en el movimiento asociativo han trabajado, durante estos veinte años para las mejoras del colectivo y no para conseguir mejoras de tipo individual, dónde subrayó la trayectoria de Domingo Dosil, fundador de la confederación, entre otros.

Recorrimos, con Cogami, veinte años de solidaridad y progreso social en la lucha por los derechos de las personas con discapacidad y en la denuncia permanente por conseguir una sociedad sin barreras y sin discriminación.

Siendo éstos asuntos muy serios, la organización dio muestras de una gran inteligencia emocional al presentar su trayectoria con gran sentido del humor y sin victimismos. El auditorio era amplísimo, formado, tanto por las bases de asociaciones de personas con discapacidades, como por todo tipo de entidades y agentes sociales, políticos y económicos, hasta llegar a los más altos representantes institucionales.

El de la confederación gallega es un periplo en el que se refleja una faceta de  los últimos veinte años de evolución del sector social. Un acto que nos manda, una vez más, el mensaje de la necesidad de escuchar la voz a los colectivos minoritarios y de las personas más débiles de la sociedad.

Un acto que nos habló de la necesidad de reclamar el papel protagonista de su participación en el desarrollo de las políticas sociales: en salud, educación, accesibilidad, trabajo, servicios sociales, vivienda, prestaciones, transporte, acceso a la comunicación, a los espacios de ocio.

En una palabra, la discriminación solo es admisible cuando es positiva y para alcanzar la igualdad de oportunidades. Nada más.

 Josep Arenas

Veinte años no es nada

Los señores del Instituto Nacional de Estadística (Ine) han calculado que, de seguir las tendencias actuales, en 2020 en España habrá, ni más ni menos, que 47.234.924 habitantes. Lo cual ya es afinar la puntería de las previsiones. Eso significa que en los próximos diez años el número de habitantes aumentaría solamente de 1,2 millones, un 2,7%.

Durante la primera década, hasta 2010, el crecimiento ha sido de casis seis millones de habitantes. Concretamente de 5,9 millones, lo que ha representado un crecimiento del 14,8%. Es decir, España ha crecido al ritmo de casi seiscientos mil habitantes al año (593.931 h.).

En la década que viene, en cambio, dicho crecimiento prácticamente se divide por cinco. Será solo de unos ciento veinticinco mil habitantes por año (124.591 h.), como promedio en el conjunto del estado. En algunas comunidades, aseguran los señores del Ine, que la población disminuirá. Es el caso de Galicia, Castilla y León o Asturias.

Durante la primera década del siglo, hemos vivido un gran crecimiento de la inmigración. Ese fue el factor principal que generó el crecimiento de la población. El colectivo de inmigrantes cubrió sobretodo la necesidad de mano de obra en el sector de la construcción, en los años de burbuja inmobiliaria. Plof! También, en la agricultura. Y, de una manera especial, la mujer, en el sector de servicios de ayuda familiar. Concretamente, en el sector doméstico y en labores de ayuda de dependencia familiar.

La primera década del siglo se ha caracterizado en nuestro país por el envejecimiento de la población y por la mayor incorporación de la mujer a la vida laboral. Por otro lado, en un momento en que España tiene uno de los índices de natalidad más bajos de la Unión Europea, la entrada de flujos migratorios ha supuesto un rejuvenecimiento de la población y un aumento sostenido de la tasa de natalidad. Lo necesitábamos.

Las previsiones para la segunda década son distintas. Se prevé un mayor envejecimiento de la población, un escasísimo aumento de la natalidad y una notabilísima disminución de los flujos migratorios. A destacar, que la población que no trabaja, la formada por los mayores de 65 años y por los menores de 16 años, será en 2020 del 55,1%. Más de la mitad de la población deberá ser sostenida por el resto. Eso, sin contabilizar a quiénes queden desocupados, estando en edad laboral.

En definitiva, el ritmo de crecimiento de la población se frena para una década. Las proyecciones demográficas prevén una mayor esperanza de vida, que pasaría a ser, al nacer, de 80,1 años, los varones, y de 86,1 años, las mujeres. Una baja natalidad, que sería de 1,51 hijos por mujer en edad fértil. Y un parón total en la inmigración.

De manera que, si en la primera década crecimos en población espectacularmente, en la segunda, hasta 2020, poco menos que disminuimos, ya que nos hemos sumergido en un decrecimiento del número de nacimientos ya que el número de mujeres en edad fértil es ahora menor.

La realidad social y económica que estas previsiones expresan, situarían en primer plano preocupaciones sociales de largo alcance, tales como: el apoyo a las políticas que contribuyen a elevar la natalidad y a la crianza; la promoción de la autonomía personal de las personas de edad avanzada y el apoyo a las situaciones de dependencia; y, una política de integración social y laboral de la población inmigrada y de rechazo frontal a la xenofobia.

Cuestiones, todas ellas, delicadas que exigen responsabilidad y una visión continuada del problema que comportan, para las cuales no es suficiente con planteamientos para cuatro años. Se trata de actuaciones que requieren acciones constantes. Como mínimo, para un par de décadas, si queremos sostener el equilibrio social, productivo y de apoyo comunitario y familiar.

La letra la conocemos. Alguien, con cierta tozudería, tendrá que ponerle música para empezar a bailar todos al son. ¿Tal vez a ritmo de  tango? Sentir, que es un soplo / la vida / que veinte años no es / nada.

Eso, Volver. E insistir durante veinte años.

Josep Arenas

Nuevos discursos ante la crisis

Hacia una nueva concepción del crecimiento

 

Leo en los papeles de los últimos días, en referencia al paro, que: ”Comprender un problema es el primer paso para diseñar medidas para atajarlo”. Otros papeles, otean el horizonte y sentencian: “Los presupuestos ponen a prueba la credibilidad de las autonomías”. Unos terceros, avisan a navegantes de que estamos ante “El primer año del gran ajuste”. Finalmente, llegan quienes directamente amenazan: “Con recortes en los servicios públicos como la sanidad, la educación o la dependencia”.

Los recortes en el bienestar

A propósito de los recortes en el bienestar, Fernando Ónega, periodista, define nítidamente la situación: “Los mercados sustituyen parlamentos, marcan decisiones políticas, imponen recortes sociales, limitan el Estado del bienestar. No han sido elegidos por nadie, pero han convertido en rehenes a todos los gobiernos. El país que no recibe su visto bueno entra en bancarrota. El gobernante que no les obedece es un suicida. Rebelarse contra ellos como hace parte de la izquierda es romántico e improductivo. Se nos está muriendo la política. Se está transformando en números. Y lo certifica el Fondo Monetario Internacional: vote a quien vote usted, la economía se recuperará cuando quiera; no cuando se lo proponga un partido! Agonizante la ideología, vivan los números”. Lo podría decir más alto pero no más claro.

La salida de la crisis

Michel Wieviorka, sociólogo, pronuncia una conferencia en Barcelona: “La salida de la crisis será real cuando haya actores que digan que quieren luchar en el campo social y cultual. Esto será cuando la gente demande otra concepción del crecimiento… No puede ser que de un lado tengamos el capital y de otro la sociedad real… Sí; hay una crisis política en las sociedades europeas. La izquierda se inventó el comunismo, que ya fracasó, y la socialdemocracia, que no funciona bien, porque necesita de un sindicalismo poderoso y hoy no lo es. Y la derecha no sabe si debe ser hiperliberal o social. Ha querido ser neoliberal pero ahora se da cuenta que ese discurso no funciona en época de crisis”. “Los viejos discursos no funcionan y faltan los nuevos”, dice el profesor de la Escuela de Altos Estudios de Ciencias Sociales de París, para quién no cree que tengamos un problema de líderes, sino “de ideas y valores, de que la sociedad tenga una visión general de los problemas, en vez de una yuxtaposición de propuestas técnicas”. Wieviorka considera que “cuando hay ideas, surgen líderes”.

Líderes de (poca) confianza

A propósito de liderazgos y de izquierdas o derechas, observemos el caso de los líderes a nivel del estado español. Zapatero suspende en la valoración de la opinión pública. Si bien, sus 3,48 puntos aún quedan por encima de los 3,14 que obtiene Rajoy. Eso ocurre en el peor de los momentos del presidente del Gobierno. También la gestión del Gobierno suspende de mala manera. Más del 55% de los ciudadanos cree que el Ejecutivo de Zapatero lo hace muy mal. Pero todavía hay más ciudadanos, casi el 61%, que desaprueban la gestión del PP en la oposición. Por último y seguramente más importante, de Zapatero desconfía casi el 79%, mientras que de Rajoy desconfía el 85%. La confianza en Zapatero se limita al 19%, pero la de Rajoy apenas llega al 14%. Los datos los ofrece el sondeo del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de julio. Como vemos, la confianza en dichos liderazgos está a la baja. Habrá que ver cómo estamos de ideas para salir de la crisis.

Ideas, para una nueva concepción del crecimiento

Volviendo al principio, decíamos que comprender un problema es el primer paso para diseñar las medidas necesarias para atajarlo. Y quiénes comprenden y, por su experiencia, pueden aportar ideas, reflexión y debate a los responsables políticos, así deben hacerlo, en lugar de refugiarse en el silencio acomodaticio. Es necesario que la llamada sociedad civil, en todas sus instancias, tome un compromiso con la acción social y en la medida que puede participe, sugiera, critique, proponga, evalúe lo que está ocurriendo. Aún sabiendo que probablemente, desde algunas instancias políticas sea considerada como una injerencia impropia o como una expresión de partidismo político. Da igual. Entidades e instituciones representativas, profesionales, personas afectadas por la crisis, deben abandonar el miedo y expresar su opinión. De sus ideas puede surgir el liderazgo necesario para tener la “visión general de los problemas”, necesaria para dar salida a la crisis, a nivel no solo social, sino también político y económico, que permita una nueva concepción del crecimiento y del Estado de bienestar.

Josep Arenas

La banda ancha, un derecho civil básico (y II)

La consulta y la participación de los ciudadanos en la elaboración de las políticas públicas

El uso de las tecnologías de la información y la comunicación (Tic) permite a las instituciones públicas no solo mejorar la  información a los ciudadanos y ampliar la calidad de sus servicios,  sino que también les permite facilitar la consulta y la participación de dichos ciudadanos en la elaboración de las políticas públicas que les conciernen. La comunicación con la ciudadanía es el reto que las instituciones tienen planteado y debería ser su gran prioridad para conseguir que no sean deslegitimadas y no pierdan credibilidad.

Sin embargo, el uso de las Tic, aún siendo importante, también tiene sus límites, ya que hay que contar, en primer lugar, con la brecha informática que representa el hecho de que un tercio de la población todavía no accede realmente a dichas tecnologías. En este sentido hay que recordar que es necesario garantizar la igualdad de acceso y la participación de dicho tramo poblacional, formado en particular por personas con capacidades diferentes, personas mayores, grupos para quienes el idioma puede significar un obstáculo o simplemente por aquellos que desconocen el uso del ordenador o de otros equipamientos tecnológicos. Para llegar a todo el mundo las instituciones públicas deberán combinar las Tic con las técnicas y herramientas tradicionales de información y comunicación.

En segundo lugar, para hacer efectivo el derecho a la información y a la consulta e implicar a los ciudadanos en la elaboración de políticas, no se puede librar todo solamente a la mayor o menor implantación de la banda ancha y de los equipamientos o de las tecnologías de la información, ya que éstos no dejan de ser simples instrumentos. Ante todo, es necesario que los gobiernos consideren y demuestren su convencimiento de que fortalecer las relaciones con los ciudadanos es una buena inversión para mejorar el diseño de sus políticas. Una buena inversión, para desarrollar la confianza del público en el gobierno y por lo tanto para elevar la calidad de la democracia y para fortalecer la capacidad cívica de los ciudadanos y de todo tipo de asociaciones.

La demostración de este liderazgo es previa y exige a cualquier gobierno –local, autonómico, estatal- que el ciudadano perciba que la información que  éste le ofrece es una información completa, objetiva, relevante, en la que se puede confiar y que le resulta fácil de encontrar y de entender. Si pasamos del nivel de la información al de la consulta, ésta deberá regirse por unas  metas y reglas claras, definiendo bien sus límites y asumiendo la obligación de rendir cuentas. Cuando los gobiernos quieran conseguir procesos de participación deberán llevarlos a cabo con flexibilidad y tiempo suficientes para permitir el surgimiento de nuevas ideas y propuestas por parte de los ciudadanos, permitiendo que sus aportaciones sean integradas en los diseños de las políticas de gobierno.

Los gobiernos deben tomar los compromisos necesarios y plasmarlos a nivel legislativo e institucional. En España el gobierno trabaja en un nonato proyecto de ley de transparencia y acceso a la información a los ciudadanos, tras el cual hay una enorme cantidad de entidades cívicas empujando. Hoy mismo, desde el propio gobierno se ha manifestado que "en 2015 desaparecerán los papeles de la Administración", siguiendo la senda digital. Veremos en qué queda todo.

El uso de las tecnologías para la información, la consulta y la participación en la elaboración de sus políticas, por parte de los ciudadanos, exige fundamentalmente un firme compromiso de cada institución a todos los niveles. Éste es el primer paso para lograr el éxito.

Josep Arenas

La banda ancha, un derecho civil básico ( I )

Actualmente, uno de los factores que más influye en el crecimiento económico de un país es el nivel de penetración de la banda ancha, la que permite el desarrollo y la extensión de internet. De tal manera que, hoy, convertir la banda ancha en un derecho civil básico es una aspiración de la Organización de Naciones Unidas.

“La banda ancha es el próximo punto de inflexión, la próxima tecnología verdaderamente transformadora”, ha expresado Hamadoun I. Touré, el secretario general del organismo encargado de las tecnologías de la información y la comunicación de la ONU. Además, ha subrayado como, dicha conexión de alta velocidad, “puede generar empleos, impulsar el crecimiento y la productividad y reforzar la competitividad económica a largo plazo”.

La evolución en el uso de los equipamientos y las tecnologías de la información y la comunicación (Tic) es un fenómeno imparable en todo el mundo, aunque con diferencias notables según paises y según su nivel de desarrollo. Vivimos los tiempos del güguel, el feisbuc, el tuiter o el ayfon, como palabras de uso corriente que pronto sustituirán al google, facebook, twitter o al iPhone, como en su día el fútbol sustituyó al foot-ball, incluso en el diccionario.

Sobre dicha evolución en nuestro país, los datos, facilitados por el Ine este mes de octubre, apuntan a que el 57,4% de los hogares españoles ya dispone de conexión de banda ancha a internet; eso es un 11,6% más que hace un año. Otro dato a destacar es que el comercio electrónico es usado ya por un 17,4% de la población. Y prueba de la citada progresión es que, en los últimos tres meses, dos de cada tres adultos, el 67,4%, de entre 16 y 74 años, ha utilizado el ordenador. El número de internautas, en dicha franja de edad, ha sido del 64,2%, o sea también casi dos de cada tres personas. El aumento de internautas, respecto del año pasado, ha sido del 7,1%.

Sin embargo, lo que más llama la atención es el uso de dichas tecnologías por parte de los menores. Así, el uso del ordenador entre niños y niñas de 10 a 15 años es prácticamente generalizado, del 94,6%, y su uso de internet es también muy extendido, del orden del 87,3%. Además, dos de cada tres de estos niños y niñas, el 66,7%, dispone también de teléfono móvil.

Todos estos datos constituyen prueba irrefutable de que los usos de las Tic y las redes de alta velocidad tienden a generalizarse y están conformando cambios sociales continuos de los que todos participamos.

A dicha transformación tiene que adaptarse el comercio si no quiere perder comba, igual que los servicios y especialmente las instituciones públicas en todo lo que se refiere a la información, la consulta y la participación de los ciudadanos en la elaboración de políticas públicas.

Se trata del compromiso con un derecho civil básico y de un reto continuado de innovación. De los que seguiremos hablando.

Josep Arenas

Mi tarde con Margarita

Ayer fui al cine a ver Mis tardes con Margueritte. Por un momento temí que fuera una peli sensiblera y ramplona. Pero resultó ser tierna, amable, delicada e incluso divertida. Una película francesa, sin efectos especiales ni violencia. Una historia sencilla.

Germain -Gérard Depardieu- es obrero de la construcción, con algo más de cincuenta años y su vida transcurre en el bar del pueblo, entre sus amigos. Margueritte -Gisèle Casadesús- tiene noventa y cinco años. Es una mujer culta, apasionada por la lectura y excelente conversadora. Su domicilio es la residencia de ancianos de la misma localidad. La casualidad de la vida hace que Germain se siente a su lado en un banco del parque. Margueritte empezará a leerle fragmentos de novelas. Le hará descubrir la magia de los libros de la que Germain se creía excluido.

De pronto, él, casi analfabeto, que había sido tomado poco menos que por el tonto del pueblo, va transformando su personalidad. Por otra parte, Margueritte, la adorable abuela traviesa y atenta, se va quedando ciega. Germain se esfuerza y le demuestra que es capaz de leerle, cuando ella ya no pueda hacerlo. De la amistad se deriva un amor que se impone en una relación sin estridencias.

Ese es el eje central de la historia. Si bien, la película, dirigida por Jean Becker, sugiere la reflexión sobre diversos temas, tales como: la lealtad entre compañeros; la falta de referente masculino del protagonista que sufre la ausencia de la figura paterna; la decisión de tener hijos; el recurso de la residencia de ancianos; las relaciones entre personas de diferentes generaciones; los condicionantes de una mala educación; o, incluso, la llamada violencia doméstica. Todo ello es tratado con fino sentido del humor.

El largometraje no me dejó indiferente. Aunque eché de menos una pizca de mala uva. En particular en lo que se refiere a la forma con la que, su familia, trata a Margueritte, cuando quiere ingresarla en una residencia.

Por ello, al salir del cine, pensaba en todas nuestras Margaritas, las personas de más de 80 años, que en España son 2,3 millones. De ellas, sabemos que actualmente solo un 14 por ciento, unas 325.000, son atendidas en residencias. Aunque también sabemos que su número crecerá en los próximos años.

No pude menos que hacerme una serie de preguntas. ¿Podremos y sabremos atender a nuestras Margaritas, en los próximos años? ¿Hay residencias de estancia permanente o centros de atención socio-sanitaria para procesos de rehabilitación o convalecencia? ¿Están en los lugares donde se necesitan y con plazas libres suficientes para atender las demandas?

Y, por el camino, continuaba preguntándome ¿Cuál es el precio de dichas plazas? ¿Las pueden pagar las familias? ¿Los centros residenciales cumplen los requisitos legales? Con la crisis, ¿hay familias que retiran a sus mayores de las residencias? ¿Contribuyen las administraciones públicas a financiar dichas estancias, de forma justa y adecuada? ¿Eligen los centros geriátricos aquellas personas cuyos cuidados les resultan más fáciles, en detrimento de las que requieren mayor atención?

Disculpen la deformación profesional. Lo dicho, una película tierna que ensalza el valor de la literatura, de la palabra y del amor que entraña la amistad, cuyo final también sirvió para dar respuesta a mis preguntas.

Josep Arenas

Mayores, saludables, longevos y participativos

El primero de octubre es el día internacional de las personas mayores. Siempre es comprometido calificar a alguien de persona mayor. Por eso se han ido acuñando denominaciones que luego fueron siendo desplazadas, tales como viejo, anciano, o, la que plasmó la propia constitución de 1978, tercera edad. Más tarde, se distinguió entre tercera y cuarta edad. Y tiro por que me toca. ¿Cuándo se es, o no, una persona mayor? Resulta difícil definir ese concepto. He ahí el dilema.

Convencionalmente en España se cruza el umbral, como sabemos, al cumplir los 65 años, la edad de jubilación. Ello no es obstáculo para que, hoy mismo, haya, sobre la mesa del consejo de ministros, una propuesta de ampliar dicha edad a los 67 años, por ejemplo.

Nuestra población mayor es de 7,8 millones de personas, o sea el 16,7% del total, de las cuales las mujeres representan un 57,5 % (cuatro millones y medio) y los hombres un 42,5% (3,8 millones).

Lo interesante es que, a pesar de iniciar su nueva condición de mayores, muchas de estas personas no necesitan de cuidados especiales de otros. Incluso pueden y suelen servir de ayuda a los demás. Así sucede en tantos casos. Colectivamente se ha progresado en cuanto a esperanza de vida y ha mejorado su estado de salud. No se les  puede considerar como una carga social.

Por ello, debemos renovar nuestra visión sobre los mayores.  Claro que eso es difícil en medio de una subcultura que mira hacia la cirugía estética y el viagra,  y se obsesiona en evitar la vejez a toda costa. Es ahí donde, reconocer  y elogiar los valores de la edad madura,  tiene su mérito.

Incluso, según un estudio publicado este mes por la revista Science, los científicos se inclinan ahora por una nueva forma de definir la vejez que no está basada en la edad. Proponen la llamada tasa de dependencia por discapacidad en los adultos. Se basa en la relación entre las personas que necesitan asistencia y las que son capaces de valerse por sí mismas. 

El estudio muestra que si se tiene en cuenta la mayor esperanza de vida y el descenso de la tasa de discapacidad, muchas personas estarán envejeciendo más lentamente que lo predicho por las medidas convencionales basadas en la mera edad cronológica.  Es decir, a lo mejor tienen más edad pero viven más sanas, menos dependientes, participan más. Luego, son menos viejas de lo que indicaría su edad.

Es cierto, por tanto, que las mejoras en la salud y la longevidad permiten pensar en una lenta y previsible evolución de la edad de jubilación, justificada por el aumento del número de años de vida saludable en la vejez.

Es algo que podría ser aceptable si es admitido voluntariamente, en lugar de los duros e impuestos cambios normativos en la edad de jubilación, que únicamente pretenden ser justificados sobre la base de las limitaciones presupuestarias, dejando de lado los derechos del individuo.

En todo caso, el 1-O es un día especialmente oportuno, después del 29-S, para que las personas mayores –y todas las que llevamos camino de serlo- se organicen para proponer estrategias para solucionar sus problemas, ya sean: de jubilación, de suficiencia de las pensiones y  planes de jubilación, de participación en la vida social, cultural, política y productiva de su entorno; o de garantizar el acceso universal a los servicios sociales y prevenir la discriminación por razón de la edad o de género.

Un día, en cuatro palabras: mayores, saludables, longevos y participativos.

Josep Arenas

Efectos secundarios

Huelga, para manifestar la disconformidad con la política económica del gobierno. Así ha sido ya en Francia, Reino Unido, Grecia… Y ahora, aquí. Una política y unas medidas económicas y sociales, determinadas por las exigencias de los gobiernos de nuestro entorno y por las directrices del Fondo Monetario Internacional (Fmi), ante una crisis de dimensiones globales y no solo locales. Por ello, las respuestas deberán ser también globales y no se decidirán solamente en nuestro país.

En cualquier caso, el día después exigirá mucho más que esta huelga. Convendrá conocer, el jueves, los remedios que prescriben los sindicatos y cuáles son además sus efectos secundarios.

En el día después seguirá planeando el problema más relevante. El de la creación de empleo para los cuatro millones de parados que continuarán sin ir al trabajo, para lo que mejorar los sistemas de formación será prioritario para generar y obtener nuevas oportunidades para este amplio colectivo.

A continuación, deberemos tener en cuenta que el déficit público es particularmente elevado en nuestro país, donde se ha deteriorado en 13,1 puntos porcentuales del Producto Interior Bruto (Pib), entre 2007 y 2009, cuando en los países del entorno europeo, el promedio de dicho deterioro es de 5,7 puntos. La gravedad del déficit viene precisamente determinada por el incremento del gasto que genera la abultada nómina de prestaciones por desempleo. Llueve sobre mojado. Tanto en paro como en déficit doblamos a los países de nuestro entorno.

Mientras tanto nuestras administraciones públicas “han seguido gastando como si dispusieran de los elevados aumentos de ingresos anteriores a la crisis, lo que demuestra una notable falta de diagnóstico sobre la naturaleza, los efectos y la duración de la crisis por parte de nuestra clase política”, señala Ángel Laborda. No le falta razón al director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorro (Funcas).

Visto lo visto, parece poco probable que el Pib vuelva a crecer a los niveles que lo hizo en esta década, hasta 2007, por lo que, insiste Laborda: “el sistema tributario español no va a ser capaz por mucho de sostener el nivel del gasto público actual”. Por ello, propone “reformas o medidas estructurales en los ámbitos de los ingresos y gastos para, por un lado, recuperar al menos parte de los ingresos perdidos y, por otro, redimensionar las Administraciones Públicas y hacer sostenibles las prestaciones del Estado del bienestar.”

Desde luego, como me dijo el secretario general de Comisiones en Cataluña, José Luis López Bulla, años atrás, habrá que “reinventar un estado del bienestar, promotor de la igualdad de oportunidades”. Aunque, la realidad no ha acompañado su propuesta, ya que los sindicatos no han modernizado su discurso a tenor de los cambios sociales y las nuevas formas de vida y de trabajo que se han producido en el último trienio.

Sigue haciendo falta un nuevo discurso para proteger a los más desvalidos y hacer sostenibles, a su vez, las prestaciones del Estado social.  “Reinventar” supondrá tal vez promover una sociedad en la que las solidaridades familiares y amigables recobren su papel. En la que se reconozcan los vínculos, la reciprocidad, el altruismo, la generosidad, la atención y los cuidados mutuos. El Estado debe garantizarlo, pero la sociedad debe participar y construir dichas redes solidarias.

Tal vez en la sociedad que debemos construir, como nos recomienda Robert Roche, los ciudadanos “aumentemos nuestros actos de ayuda, de dar, de escuchar, de ser empáticos con el otro, de valorarle”. Así, dice este psicólogo, que habla de la prosocialidad, “llenaremos de significado nuestra vida y mejoraremos nuestra autoestima”. En definitiva, algo que seguramente ya sabían nuestros bisabuelos, pero que la especie parece haber perdido en el eslabón de la sociedad de consumo.

No se trata solo de una huelga, sino de las reformas económicas, de los cambios estructurales presupuestarios que permitan la sostenibilidad de las prestaciones sociales, del cambio de modelo de cuidados a las personas y del cambio de los valores sociales (o prosociales).

Una operación de gran envergadura en la que habrá que tratar con mucha atención todos sus efectos secundarios.

Josep Arenas

Éste no es país para obesos

El tercer domingo de septiembre suelo acudir a la fiesta popular que, desde hace 61 años, se celebra en mi pueblo y en la que los mayores, los más viejos del lugar, son los protagonistas.

Eso me permitió, el domingo, deleitarme viendo como la señora Imelda, que, con sus 99 años es la de mayor edad del pueblo, seguía, con sus palmadas, la música goodspell que interpretaba el grupo coral, y comprobar, una vez más, que cualquier edad es buena para participar socialmente, si nos echan una ayudita.

En el paseo por la calle, que hago junto a los mayores, suelo encontrarme, año tras año, poco más o menos, con las mismas personas, con las mismas familias. Ello me hace dar cuenta de cómo pasan los años, para todos. Pero lo que observé el pasado domingo fue, con el paso del tiempo, cómo muchos de nosotros engordamos. Cómo vamos añadiendo quilitos. Así de sencillo. Ya recuerdan aquel anuncio que decía “no pesan los años, pesan los quilos”. Pues sí, hay una tendencia muy generalizada a engordar, por estos pagos.

Por lo que veo, lo que observo en mi pueblo, con mi gente, no es ni mucho menos un problema local. Al contrario. Es bastante general. Tanto es así que, la Organización Mundial de la Salud (Oms) y la OCDE nos decían ayer que en España hay un 55 por cien de personas con sobrepeso y un 17 por cien de personas obesas. Es más, somos los campeones de la obesidad infantil, de tal manera que uno de cada tres adolescentes –de 13 a 14 años- es obeso. Y la tendencia es que, en los próximos diez años, el número de personas obesas aumente un 10 por cien.

El panorama es preocupante. Las organizaciones promotoras del estudio estiman que el gasto de atención médica para personas obesas "es por lo menos un 25 por ciento mayor que para gente de peso normal". A ello añaden que una de cada dos personas será “propensa a morir entre 8 y 10 años antes que otras de peso normal” a causa del sobrepeso u obesidad.

Es conveniente corregir esa deriva mediante programas preventivos que fomenten el ejercicio físico y la adecuada alimentación, ya que, tal como exponen la Oms y la Ocde, "la obesidad es cara y es una carga para los sistemas de salud".

Uno de los países con menor número de personas con sobrepeso u obesidad es Japón -junto a Corea- que ha logrado ganar más de 15.000 años de vida de sus ciudadanos, mediante programas preventivos.

Sólo atendiendo la prevención del sobrepeso y la obesidad podremos celebrar y aplaudir en las fiestas para celebrar la vejez, la vida y la salud, como la señora Imelda -No ves qué elegante y que está delgada como un bolillo, me dice su amiga Francisqueta- .

Y tal vez, en los próximos años, podamos decir, parafraseando el título de la película que le dio el óscar a Bardem, en lugar de éste no es país para viejos, que éste: No es país para obesos.

Josep Arenas

El consuelo de la investigación: dos muertos

El Hotel residencia Virgen del Consuelo, de Cienpozuelos, Madrid, es una residencia y centro de día asistido, para personas mayores que, en su página web, asegura que “los residentes tienen la posibilidad de disfrutar plenamente de su tiempo libre, realizando la actividad que más les guste.”

El caso es que dos residentes alojados en dicho centro, de 81 y 87 años respectivamente, fallecieron el sábado y, según ha afirmado su director, Luis Miguel Aranda, fue a causa de “un descuido”,  que no ha podido precisar si fue debido  “una llamada de teléfono, una conversación con la encargada o la visita de un familiar de otro anciano". Estas dos personas fueron encontradas muertas, tras pasar 12 horas encerradas en el interior de la furgoneta que las trasladaba al centro y sin poder salir, a causa de su estado mental y de su movilidad reducida.

Nos preguntamos hasta dónde llegará la investigación sobre estas muertes. Ello será un indicador sobre el grado de concienciación de nuestra sociedad respecto de la adecuada atención a las personas mayores o con discapacidad y sobre el cumplimiento y la adecuación de la normativa por la que se rigen estos centros. El caso que nos ocupa, el centro del Consuelo, se anuncia diciendo “ofrecer una alta calidad de vida a sus residentes”, a un precio mensual de la plaza de “residente de día con suplemento de viaje”, de 725 euros.­­­ Sólo que, en este caso, el viaje ha sido a la eternidad.

Todos sabemos que cualquier persona con discapacidad tiene derecho a que se respete su integridad física y mental en igualdad de condiciones con las demás. Para ello, es necesaria la sensibilización de la sociedad y de las familias, para una mayor conciencia y respeto de sus derechos y su dignidad.

Nos preguntamos cuál es la formación inicial y continua de los profesionales y el personal que trabaja en los servicios asistenciales que, en este caso,  no ha sido capaz de sustraerse a “la rutina” y al “olvido”  y cuáles son las normas éticas que rigen la atención en centros privados como éste, más allá de una posible, aunque inaceptable, negligencia puntual.

Querremos saber cuáles son las medidas de carácter legislativo, administrativo, judicial o de otra índole que, tras este hecho de Cienpozuelos, resultarán efectivas para evitar que las personas mayores con discapacidad, se encuentren involucradas, por los motivos que fuere, en situaciones que, en cualquier caso, resultan crueles, inhumanas o degradantes. Hoy, con resultado de muerte.

Por lo menos, con una buena investigación, tendremos este Consuelo.

Josep Arenas

Incertidumbre en la calle

Las elecciones serán, primero, en Cataluña. Alrededor de las fiestas navideñas quedará decidido quien es el próximo molt honorable president de la Generalitat. En primavera tendremos elecciones municipales y varias autonómicas. El calendario real de las próximas elecciones generales, que pueden ser adelantadas, dependerá en buena parte de dichos comicios.

Comienza un ciclo electoral ante una situación económica y social muy distinta. Nada será ya como antes de la gran recesión. No volveremos a la situación anterior al 2008. No nos engañemos. Aunque el ministro de Trabajo nos asegure que en tres o cuatro años volveremos a unos niveles de empleo equivalentes a los de 2007,  todos los expertos aseguran que eso no sucederá, como mínimo, hasta 2017.

Tenemos el voto y además nos expresamos mediante otros medios. La convocatoria de la huelga general para el próximo día 29 es un ejemplo. Tanto las próximas elecciones como las movilizaciones sociales expresarán la gran inquietud e incertidumbre ante el futuro. Un futuro en el que los padres temen no poder pasar el testigo de la prosperidad social conseguida, a sus hijos. Un futuro ante el cual el oficio de político necesita, más que nunca, ir acompañado de una actitud comprometida con los más desfavorecidos y con la verdad.

La calle quiere saber con claridad cómo está la caja de protección del bienestar: pensiones, acceso a la vivienda, prestaciones al desempleo, servicios sociales y asistenciales, acceso a escuelas infantiles. El trabajador quiere saber por qué tiene que trabajar durantes más años para ganar sólo igual o menos, durante la jubilación. En cuánto tiempo se prolongará su tiempo de trabajo.

La situación que ha sumado dos millones de parados más en España, está llevando aparejada una disminución creciente de la confianza en las instituciones públicas e incluso en los valores democráticos. Ante estos peligros, los representantes electos, en las futuras contiendas, tienen el reto de estimularnos con propuestas creíbles, actitudes honestas y objetivos equitativos.

Austeridad, expansión inversora, deuda, recursos públicos o privados, prioridades en los programas para personas mayores, para jóvenes, para el fomento de la natalidad, ayudas a desempleados, promoción del empleo. Explíquennos sus propuestas, señoras y señores candidatos. Devuélvannos la confianza. Explíquennos que, tras las sucesivas crisis y los sucesivos déficits, la situación es explosiva para el bienestar social y que nada será como antes y qué medidas piensan tomar en sus municipios, en sus comunidades, en el gobierno del estado.

La equitativa distribución de los recursos ante un futuro incierto es lo que nos inquieta. Y el compromiso con la verdad de dicha situación de quienes se postulan para los cargos públicos. No tanto si el candidato o candidata a va a ser Álvarez, Jiménez, Gómez, Torres o Masó, ya sea en Asturias, Madrid, Ribeira o Argentona.

Josep Arenas

Voluntariado corporativo y sentido de pertenencia

Recordábamos, en el último billete postal, la oportunidad que nos brinda la decisión del Consejo de la Unión Europea, al declarar el próximo 2011 como Año europeo de las actividades de voluntariado que fomenten una ciudadanía activa. Ello además conlleva una aportación europea de 8 millones de euros. Destacábamos, entre dichas actividades posibles, las del llamado voluntariado corporativo (Vc).

Como es conocido el Voluntariado hace referencia al conjunto de actividades de interés general desarrolladas por personas físicas que no se realicen en virtud de una relación laboral, funcionalidad, mercantil o cualquier otra retribuida. Así lo define la norma estatal que lo regula (Ley 6/96).

El Voluntariado corporativo (Vc), específicamente, se refiere, como decíamos, al desarrollo de dichas actividades bajo un impulso que es promovido por las empresas en las que trabaja la persona.

Según el informe, publicado en diciembre del pasado año, de un estudio realizado por el Observatorio del voluntariado corporativo, las diez primeras empresas que se consideran como referentes en voluntariado corporativo en España son, por orden de prioridad: la Caixa, Telefónica, Barclays, Bbva, Repsol, Vips,  Caja Madrid, Dkv, Iberia y Unión Fenosa.

Dicho estudio es tal vez el que mejor ilustra el estado de la cuestión del Vc en nuestro país. Fue realizado con una muestra de empresas de más de 500 empleados, de las cuales el 70,3% resultó que realizaba programas de Vc.

Entre éstas resultó que el 80%, realiza actividades sociales, el 40% actividades medioambientales y el 31 % actividades llamadas probono, es decir, actividades que consisten en que los empleados de la compañía prestan sus servicios profesionales a asociaciones colaboradoras, oenegés o fundaciones, sin nigún coste o a costes muy inferiores a los acostumbrados. Entre las actividades sociales, los principales beneficiarios son la infancia y juventud (80%), las personas con discapacidad (64%) y las personas mayores (42%).

Hemos conocido que los principales objetivos que la empresa persigue con el desarrollo de actividades de Vc son, por orden de importancia, (1) fomentar el orgullo de pertenencia, (2) la mejora del clima de la organización, (3) la captación y retención del talento y (4) el desarrollo de capacidades de los empleados.

El modelo de gestión del Vc suele ser mixto. Así, predomina la  colaboración entre la propia empresa y una oenegé, siendo además que casi la totalidad de las propuestas surgen del propio personal de la empresa (en un 92% de los casos).

Las empresas señalan como principales beneficios del Vc,  en primer lugar el aumento del grado de pertenencia de los empleados y, a continuación, la mejora de la imagen corporativa, seguido de la mejora del rendimiento de los trabajadores.

Los  resultados del Vc tienen un mayor impacto a nivel interno que externo y suelen tener escasísima difusión en los medios de comunicación.

Como colofón, señalar que el 51% de las empresas valoran satisfactoriamente la realización de Vc en su organización y el 49% como excelente.

Creemos que el Voluntariado corporativo puede representar una oportunidad si  nuestros valores se orientan hacia la empatía con los demás, la sensibilidad hacia sus necesidades y la cooperación como proyecto de vida. 

En cualquier caso el estudio constata que participar en estas actividades suele redundar en un mayor sentido de pertenencia y orgullo de formar parte de una organización y en una mayor y mejor comunicación entre los trabajadores. Lo cual no es poco.

 Josep Arenas

 

 

Año Europeo del Voluntariado, 2011

Con los primeros días de septiembre dejamos atrás las vacaciones y comienza el curso habitual de instituciones, empresas, sindicatos y asociaciones de iniciativa social. Se inicia el remate del ejercicio anual y se programan y presupuestan las previsiones para el nuevo año, 2011. Así suele suceder, desde las organizaciones de mayor envergadura hasta las de rango más ínfimo. Del elefante al alfiler.

El elefante sería por ejemplo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) que, junto a la Organización Internacional del Trabajo (OIT), reemprende el curso, el próximo día 13, con la celebración en Oslo de una conferencia sobre  Los desafíos del crecimiento, el empleo y la cohesión social. Autoridades económicas y expertos propondrán “políticas adecuadas para garantizar una recuperación sostenible y un alto nivel de empleo” y examinarán “la forma de mejorar la calidad de vida y de trabajo de millones de personas afectadas por la crisis financiera”.

Según la propia OIT, la Gran Recesión, provocada por dicha crisis, en 2008, ha dado como resultado que el desempleo afecta, a nivel mundial, a 210 millones de personas, lo que ha representado un aumento de 34 millones, con respecto a 2007, antes de que comenzara la crisis.

Líderes gubernamentales, sindicales y del sector privado, así como destacados académicos, examinarán la aplicación de medidas de política a corto plazo. Han anunciado su disposición a aportar soluciones mundiales a los desafíos del desempleo que sean relevantes para todas las regiones del globo. Estaremos atentos a las propuestas que vengan de Noruega.

Mientras tanto bajaremos del elefante al alfiler.

El año 2011 ha sido declarado Año Europeo del Voluntariado por la Comisión Europea, siguiendo al Año Europeo de Lucha contra la Pobreza y la exclusión social. Es por lo tanto un momento oportuno para hacer previsiones sobre actividades de voluntariado en 2011. Tanto para las administraciones, como para las empresas privadas o entidades, por diminutas que sean. Serán pequeñas aportaciones que irán sumando en solidaridad social. Es de este modo que en Europa son casi 100 millones las personas que invierten su tiempo, talento y recursos económicos en actividades de voluntariado, según la Comisión.

El voluntariado en general y en particular el voluntariado corporativo tienen una magnífica ocasión para crecer con el año europeo. Como es sabido, el voluntariado corporativo es una modalidad que se enmarca dentro de la Responsabilidad social empresarial (Rse). Aún no demasiado extendido en España, pero muy desarrollado en otros países, como Estados Unidos. ¿En qué consiste?

El voluntariado corporativo podríamos definirlo como aquella actividad, promovida y facilitada por una empresa -pública o privada-, en la cual los empleados -u otras personas cercanas a la organización- tienen la oportunidad de participar como voluntarios en programas sociales destinados a apoyar a organizaciones sin fines de lucro y donde todos pueden salir beneficiados.

Este es un buen momento no sólo para programar y presupuestar el inicio de actividades de voluntariado en empresas y organizaciones, sino también para continuarlas y reforzarlas en aquellas que ya son pioneras en nuestro país, de cuyos resultados hablaremos en una próxima postal del blog.

A buen seguro la colaboración de las partes proporcionará resultados productivos socialmente. Es justo ahora cuando hay que tenerlo en cuenta para 2011, el Año europeo del voluntariado.

Josep Arenas

Caminar inteligentemente en I+D+i

 

El presidente Zapatero abre hoy el día de España en la Exposición Universal de Shanghai. Allí tratará de vender nuestras expectativas de futuro en ciencia, tecnología e innovación, así como de expandir de nuestra economía.

Una de las aportaciones de nuestro país a la Exposición, que desde China se proyecta a todo el planeta, ha sido la presentación de un caminador inteligente diseñado para asistir a personas mayores o con dificultades de movilidad, en proceso de rehabilitación médica.

Su nombre es en inglés: i-Walker. Integra robótica, inteligencia artificial y tecnologías de la información y la comunicación. De tal manera que allí donde el usuario no llega, por impedimentos físicos, cognitivos o de movilidad, el robot caminador, con su inteligencia lo suple. Puede entender sus órdenes verbales. Si éste le dice “llévame al comedor”, el aparato activa su inteligencia y los sistemas mecánicos que realizan automáticamente este itinerario y le traslada desde donde se encuentre.

El nuevo dispositivo está capacitado especialmente para detectar la posición del paciente en su casa y en otros entornos conocidos, como hospitales y centros de asistencia. También se adapta a las necesidades de asistencia del usuario, mediante un modelo basado en la interpretación de la información que aportan unos biosensores y conociendo los perfiles de discapacidad de la persona. Así, permite, a su vez, informar, en todo momento, a los cuidadores, del estado del usuario.

Un interesante avance, en el que ha participado la Universitat Politècnica de Catalunya y que se ha realizado dentro del sexto programa marco de I+D de la Unión Europea, junto a otros centros de investigación y empresas de España, Italia, Alemania y Rumanía.

La tecnología para la atención de las personas con movilidad reducida es un área de investigación con grandes necesidades de innovación y desarrollo. Se estima que, en el año 2050, España podría haberse convertido en el país más envejecido del planeta, con un 43% de su población con más de 60 años. Debemos, pues, caminar inteligentemente hacia el ecuador del siglo XXI, en materia de investigación, desarrollo e innovación social, si queremos llegar con los deberes hechos.

La Expo 2010, con la presentación de este prototipo de Caminador inteligente, es un buen motivo para recordar la necesidad de seguir desarrollando un modelo de investigación que permita fomentar procesos creativos de nuevas tecnologías para la atención a las necesidades sociales emergentes.

Crear recursos. Vislumbrar nuevas y futuras demandas. Solucionar problemas reales. Es lo que nuestra sociedad requiere. Para ello es necesaria la colaboración entre técnicos de diferentes disciplinas: informática, mecánica o electrónica. Pero no debemos olvidar que, para el éxito de la investigación y para su real aplicación, ésta debe de contar siempre con la participación activa de las personas usuarias. En este caso, personas con movilidad reducida, personas inteligentes, conocedoras de sus necesidades.

Su aportación tendrá un verdadero efecto multiplicador. Y permitirá recuperar la inversión realizada en I+D y obtener beneficios palpables en calidad de vida y bienestar social.

Josep Arenas

 

 

Integración, el camino se hace al andar

El pasado fin de semana, paseando por el barrio del Pla d’en Boet de Mataró (Barcelona), tuve ocasión de contemplar un despliegue de pancartas en los balcones de varias viviendas, mediante las cuales, una parte de los vecinos rechazaba la anunciada apertura de un centro de acogida para menores en el barrio. Al parecer, un sector del vecindario teme problemas de inseguridad y de convivencia que pudieran generar los veinte menores y adolescentes, de 6 a 16 años, que habitarán el nuevo centro.

No es la primera vez que un centro social origina esta especie de guerras preventivas vecinales. Algo parecido ha sucedido, en ocasiones, en relación a la ubicación de centros de rehabilitación para personas drogodependientes, o de inserción socio laboral de personas con enfermedad mental, o de residencias para personas mayores, o en viviendas de acogida para enfermos de sida. Y podríamos seguir. No digamos ya cuando el rechazo se centra directamente en viviendas de personas inmigrantes.

Los equipamientos citados resultan de gran interés, precisamente porque dan soluciones a personas con situaciones diversas, que necesitan de los servicios residenciales, educativos o rehabilitadores, que en ellos se les prestan. En este caso, menores que necesitan apoyo.

Ciertamente, las autoridades locales tienen una labor pedagógica a realizar sobre los beneficios que comporta el recurso que se pretende instalar. Tanto o más importante, que la inversión que el equipamiento representa, es que el vecindario comprenda y apoye el servicio social con el que va a contar. No es de recibo que comprenda su necesidad, pero que a su vez lo quiera siempre lejos del propio domicilio. Para ello, habrá que garantizar la calidad de los servicios y  también la convivencia, simultáneamente.

Cuando nos referimos, pongamos por caso, a servicios a las personas con algún tipo de discapacidad, sabemos que el camino de la autonomía personal está ya trazado. Que, cada vez más, muchas de estas personas, demandan el apoyo necesario para poder tener una forma de vida lo más autónoma posible, huyendo, en la medida que sus facultades se lo permiten, de la institucionalización en centros cerrados.

No en vano el derecho a vivir de forma independiente y a ser incluido en la comunidad, ha quedado recogido en la Convención de las Naciones Unidas sobre los derechos de las personas con Discapacidad, y ha sido ratificado, en 2008, por el estado español. Elegir su lugar de residencia, dónde y con quién quieren vivir, en igualdad de condiciones con los demás y no verse obligado a vivir con arreglo a un sistema de vida específico, es un derecho que forma ya parte de nuestro ordenamiento jurídico.

El camino está marcado. Ahora es necesario un trabajo de información, pedagogía y solidaridad entre asociaciones de vecinos, entidades del tercer sector -las que agrupan a familias afectadas- y administraciones públicas, para alcanzar la normalización de las personas con necesidades especiales.

El compromiso adoptado, con la Convención, es que las instalaciones y los servicios comunitarios para la población en general estén a disposición, en igualdad de condiciones, de las personas con discapacidad y tengan en cuenta sus necesidades.

El camino de la integración está ya marcado y, como es bien sabido, se hace al andar.

Josep Arenas

Pakistán necesita ayuda

Cerca de seis millones de niños han visto transformada su vida cotidiana a causa de las intensas lluvias monzónicas que han anegado Pakistán. De ellos, 3,5 millones se encuentran expuestos a eventuales epidemias. Enfermedades transmisibles a través del agua, como el cólera o la disentería, les acechan. Así nos lo informa la Unicef, el fondo de las naciones unidas para la Infancia, cuyo acrónimo popularizan por todo el mundo, los futbolistas del Barça, como Messi, Xavi o Iniesta.

Es más. Según la ONU, se podrían elevar a más de 15 millones de personas el número de afectados, de los cuales, seis millones estarían necesitando ayuda urgente. La cifra de muertos habría alcanzado ya las dos mil personas. “He visto muchos desastres naturales por todo el mundo, pero nada como ésto”, ha dicho Ban Ki Mun, secretario general de la ONU, tras su visita.

Comparado con otros desastres naturales y teniendo en cuenta los efectos a largo plazo, podríamos estar ante una de las catástrofes más graves de los últimos años. Tal vez la de mayor magnitud que hayamos conocido. Aunque quizá para el ciudadano europeo unas inundaciones no representen, de entrada, algo tan impactante como un terremoto, como el último acaecido en Haití.

Paradójicamente la ayuda internacional nunca ha sido, por el contrario, tan escasa. Influirá que la coincidencia con las vacaciones contribuye a que no sea la época más propicia para las donaciones. Lo cierto es que es necesario que lleguen al país asiático inmediatamente 356 millones de euros, de los cuales tan sólo han sido donados los 169 millones primeros, procedentes principalmente del los Estados Unidos y del Reino Unido, siendo muy insignificante la ayuda aportada por España.

La distancia cultural y geográfica con el país asiático también contribuye a esta falta de apoyo, probablemente. No obstante hay que tener en cuenta que el número de pakistaníes con permiso de residencia en España es de 48.283 y que todos conocemos a algunos de sus ciudadanos, que han pasado, en algunas ciudades, a sustituir al tradicional tendero de la esquina, con sus supers abiertos a casi todas horas.

Si bien estamos hablando de un país muy inestable, refugio de talibanes y de los cabecillas de Al Queda, no debemos ignorar a sus millones de ciudadanos que necesitan agua potable, medicamentos y alimentos, prioritariamente los niños.

No basta con la publicidad de Unicef en la camiseta del mejor equipo del mundo. Tenemos que jugar todos y conseguir muchos goles. Con nuestras donaciones. Pakistán necesita ayuda urgente.

Josep Arenas

Un derecho de mucho cuidado

En nuestro país se está pasando de un modelo de cuidado tradicional de las personas mayores o dependientes, centrado en la familia y en el que el peso de dicho cuidado recae en las mujeres, a un nuevo modelo en el que el cuidado se contempla como un derecho social.

Poco a poco, va siendo el estado –a través de las comunidades autónomas y los ayuntamientos- quien asume un importante papel en la provisión de atenciones y da cabida a una pluralidad de agentes: en centros de día, asistentes personales, centros residenciales, ayudas a domicilio, transporte adaptado, adaptación del hogar, prestaciones económicas para el apoyo familiar y otras mil y una variantes.

Para conseguir ese objetivo, hay que reforzar el estado del bienestar en la línea de cubrir las necesidades y demandas de una sociedad más envejecida y más avanzada. ¿Cómo? Obteniendo mayores ingresos, ha manifestado, esta semana José Blanco, lanzando un globo sonda sobre la conveniencia de aumentar la presión fiscal en seis puntos, que ahora es del 33,1%, para situarla en la media europea (39,3%) y poder financiar de este modo infraestructuras y servicios.

El ministro  ha reabierto el eterno debate, que requiere un profundo análisis, pues hay quien cree precisamente todo lo contrario. Que ahora, de lo que se trata, es de impulsar a fondo la economía privada. Que cuanto antes se reactive la economía, se argumenta desde el liberalismo, tanto más aumentará la recaudación de las arcas públicas. Para éstos, quienes quieren aumentar impuestos, deben quedar quietecitos.

Sin entrar hoy en el dilema fiscal, sí queremos constatar que el debate político sobre cualquier asunto, incluso en lo referente a asuntos sociales, se ha centrado, con demasiada frecuencia, en la crispación y en la destrucción del adversario, desde hace unos años.

En cambio, se echa de menos un debate ordenado, constructivo, creíble y entendible por los ciudadanos de a pie, sobre en quién deben repercutir los costes sociales de la crisis económica y sobre la gravedad de la recesión en la que nos vemos sumergidos. ¿Quién debe pagar esos costes?, ¿de qué forma? y ¿porqué?. Queremos conocer los beneficios y la eficiencia del sistema de servicios sociales. Pensemos en el debate sobre el llamado copago de servicios públicos: sanidad, educación universitaria, atención a la dependencia...

Un primer paso sería que las administraciones asumieran el compromiso de la información al ciudadano sobre los costes y los beneficios y la eficiencia social y económica de cada uno de los servicios y prestaciones de bienestar social que ofrecen. Deberíamos conocer costes reales, el pago que hacemos y cual es la contribución a través de impuestos, directos o indirectos.

Confío en que la anunciada ley de transparencia y acceso de los ciudadanos a la información que ahora el gobierno tramita, sirva, por lo menos, para conocer datos que tanto nos afectan. Sin conocer dichos datos sobre servicios, equipamientos y prestaciones, es difícil llevar a cabo el debate constructivo y creíble que proponemos, y contar con la participación de la ciudadanía, siempre tan intuitiva para estos temas, por su conocimiento y vivencia. 

No olvidemos que el cambio de modelo que se deriva de la crisis económica exige este debate abierto y transparente. Mucho más, si tenemos en cuenta circunstancias tales, sólo por considerar un ejemplo,   como que nos encontramos en un contexto de incorporación generalizada de las mujeres a la actividad laboral y de orientación hacia la familia igualitaria.  

Un modelo que, entre otras características, se define por el hecho de que el cuidado de las personas mayores o dependientes, se contempla como un nuevo derecho social. Lo cual no es un asunto menor, sino un asunto de mucho cuidado.

Josep Arenas

Inmigración, paciencia y humildad

El mes acaba de empezar. Me refiero al noveno mes lunar del calendario islámico, el ramadán, que empezó ayer, miércoles, y finaliza el 10 de septiembre. Durante este periodo los fieles al Islam se disponen a realizar el ayuno, desde antes del alba hasta la puesta de sol. Paciencia y humildad son dos virtudes que cultivan los mahometanos durante estas jornadas, que coinciden este año con la canícula. La mayor parte de ellos, en España, son extranjeros con cuyas costumbres,  prácticas y cultura convivimos.

Los extranjeros, en general, vienen a cubrir una necesidad y por ello contribuyen aportando aspectos positivos con su integración cultural, social y laboral. Muchos puestos de trabajo son cubiertos por extranjeros, porque los propios originarios los rechazaron antes, a pesar del alto índice de paro. Pensemos en las cuidadoras de las personas mayores  -las porque los cuidadores sólo alcanzan el 0,6 por cien-, o en los recolectores de fruta de Lleida,  o en  los vendimiadores de la ribera del Sil. Por ejemplo.

Por otra parte, nuestra temible curva demográfica desemboca en el envejecimiento. Por fortuna, sólo la inmigración la viene corrigiendo parcialmente. “Necesitamos una generación de recambio”, me exclamaba recientemente un camarero de Carnota (A Coruña), mientras lamentaba el envejecimiento preocupante de la Galicia interior, donde las personas mayores son ya más de la mitad de la población en algunos municipios.

Cierto es que la transformación que han sufrido algunas ciudades y barrios, donde en sólo una década la población inmigrante ha crecido espectacularmente, ha comportado grandes retos. Ejemplos así han generado una gran creatividad para la integración social: desde la creación de lugares de culto o cementerios multiusos para diferentes creencias, hasta la celebración de fiestas multiétnicas o el despegue de iniciativas de alfabetización y de oferta de información sobre derechos y servicios en distintos idiomas.

Recordemos que el número de extranjeros con tarjeta de residencia en España se eleva a la nada desdeñable cifra de 4,74 millones.  La población extranjera alcanza el 12%.  Por vez primera, en este primer semestre, el número de extranjeros residentes con permiso ha disminuido en 100.000 personas. De ellos 758.900 son marroquíes, si bien los rumanos han pasado a ocupar el primer puesto con 793.205 personas. Ecuador, Colombia y el Reino Unido son los siguientes países de origen.

En cualquier caso, como siempre ha sucedido en este bendito país, la inmigración deberá recorrer el proceso de la integración. Creo acertado abordarla como fuente de  oportunidades más que de problemas. A pesar de los conflictos, siempre inevitables,  las soluciones surgen cuando volvemos a los orígenes: la defensa de los derechos humanos, considerando a la persona, no como un medio, sino como un fin en si mismo, sujeto de derechos.  Las soluciones surgen cuando socialmente somos capaces de rechazar iniciativas xenófobas o leyes racistas, como la que recientemente han tratado de aprobar en Arizona (EEUU).

O, en todo caso, como enseña el Ramadán, abordando los conflictos con paciencia y humildad.

Josep Arenas

 

Evitar la dependencia, con actividad

En España hay algo más de seiscientas mil personas reconocidas como dependientes que reciben alguna prestación amparada en la conocida ley de autonomía personal. Entre estas personas, encontraremos a un hombre por cada dos mujeres. Casi todas son personas mayores. Cuatro de cada cinco superan la edad de jubilación. Aunque la mayor parte superan los 80 años, el 57%. Los datos los ofrece, este mes de agosto, el ministerio que dirige, por el momento, Trinidad Jiménez.

 Por lo tanto, ya tenemos un retrato robot. ¿Quines son los dependientes? La dependiente es una mujer y mayor de ochenta años.

 Estamos a la cabeza de los países europeos en cuanto a esperanza de vida. Para las mujeres es de 84 años y para los hombres de 78. No alcanzamos aún a los japoneses que andan, ellas, por los 86 años y rozando, ellos, los 80. Pero vamos en camino.

 En cambio, según una reciente encuesta de la misma fuente, sólo el 60% de las personas mayores asegura haber iniciado nuevas actividades tras su jubilación. Por el contrario  señala que el 87% se dedican a ver la televisión o a escuchar la radio (63%). Dicho de otra forma: practican sofá.

 No cabe duda de que, con tal perspectiva, el envejecimiento activo, a través de la participación social, la mejora y conservación de su salud y la preservación de su propia seguridad, son objetivos fundamentales para una parte de nuestra sociedad que alcanza ya el 17% de la población.

 Hace unas semanas me encantó la recién estrenada película La vida empieza hoy, dirigida por Laura Mañá, en la que un grupo de personas de la tercera edad acude a unas clases de sexo donde les recuerdan que su cuerpo todavía está vivo. Los unos aprenden de los otros. Hablan de sus vivencias. Sus relaciones intergeneracionales cambian y también entre los de su propia edad. Una película divertida. Llena de sensibilidad y buen humor. Una experiencia de actividad. De saber abrir puertas a la vida.

 La mayoría de personas mayores lo dicen en la encuesta: “ser mayor no depende de la edad”. Efectivamente. Se puede hacer actividad física. Ir al cine, al teatro, a una exposición. Conectarse a Internet. O pasear. O también, acudir a clases de sexo. Lo importante es saber que la vida empieza hoy.

 Por cierto que corren malos tiempos para la lírica. Deberemos insistir en defender los servicios sociales de promoción de la autonomía personal, que permiten el envejecimiento activo y ayudan a evitar una mayor dependencia. Al parecer el dinero no llega para todo. Ayuntamientos, diputaciones o comunidades autónomas se han puesto a estudiar dónde pueden recortar para seguir cuadrando sus ingresos y gastos.

 También, desde este punto de vista, evitar la dependencia será siempre una buena inversión. Lo sabemos todos,  claro está.  Salvo algunos políticos de vuelo gallináceo que andan siempre despistados.

 Josep Arenas


Solos, en la carretera, somos millones

Estamos de vacaciones. El pasado fin de semana se saldó sin ningún accidente mortal en las carreteras de Galicia, donde vivo. Buena noticia. Esta es la época del año en la que aparecen, con intensidad, las campañas para prevenir los accidentes de tráfico. Los desplazamientos se cuentan por millones. Los últimos spots inciden en el desgarrador golpe súbito de la noticia de la muerte de un ser querido. En años anteriores se pretendía concienciar a los conductores a través del impacto visual de un aparatoso y  horroroso accidente.

La concienciación cívica, las medidas legales sancionadoras, las mejoras de las vías y el cambio de hábitos han mejorado los resultados. Me refiero al consumo de bebidas alcohólicas o al uso del teléfono móvil, el cinturón de seguridad o las sillas para  los pequeños. También influye,  en esta tendencia favorable, la educación en seguridad vial, junto a los controles selectivos.

Los accidentes disminuyen. Son menos los que mueren en la carretera así como aquellos a los que les sobreviene una discapacidad física permanente. En diez años se han reducido a menos de la mitad y en lo que va de año, por primera vez, son menos de mil los que perdieron la vida.

Conductores y peatones lo somos todos.  Incidir en las causas de los accidentes de tráfico está de nuestra mano en la mayor parte de las ocasiones. Se trata de moderar la velocidad, evitar el consumo de alcohol o abrocharse el cinturón. Y, especialmente,  de adquirir educación vial. Es más bien una cuestión de actitud y de valores.

Nuestra sociedad se muestra resignada ante los políticos pero manifiesta un gran interés por los temas derivados de la salud, como son los accidentes que restan años de esperanza de vida o de calidad de vida. Una encuesta de la Fundación Bbva, publicada ayer, testifica que los ciudadanos de este país suspenden, con un 3,1, a los primeros, pero muestran un alto interés por temas como la salud, con un 8,3.

Tal vez exista un tono social hedonista a la vez que pasivo y melancólico. Digo yo que no será porque no tengamos objetivos en los que participar para cambiarlo. Podemos mejorar la conducción, evitar accidentes, mejorar nuestras expectativas de salud y bienestar. Depende de nosotros. De nuestra actitud. Evitar el peligro   es por nosotros mismos. Pero también para los demás.

No estamos solos. Tenemos que educarnos para el tráfico, como conductores, como peatones, como acompañantes. En la ciudad, en la aldea, en la carretera.

Somos millones para no claudicar de nuestros derechos y obligaciones y unirnos en este objetivo de modificar nuestra actitud y los valores de esta sociedad, más participativa, en relación al tráfico.

Josep Arenas